Hipertensión: síntomas, causas, diagnóstico y tratamiento

La hipertensión, también conocida como presión arterial alta, es una afección médica común en la que la fuerza con la que la sangre empuja contra las paredes de las arterias es constantemente demasiado elevada.

Cuando la presión arterial aumenta, el corazón tiene que esforzarse más para bombear sangre por todo el cuerpo. Con el tiempo, esta presión adicional puede dañar las arterias, el corazón, los riñones y otros órganos.

La hipertensión suele desarrollarse sin síntomas apreciables, por lo que a veces se la denomina «asesina silenciosa». Es importante controlar regularmente la presión arterial, ya que un diagnóstico precoz y un tratamiento adecuado pueden ayudar a reducir el riesgo de complicaciones graves, como infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares.

¿Qué es la hipertensión?

La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre circulante contra las paredes de las arterias.

Cuando las arterias se estrechan o pierden flexibilidad, aumenta la resistencia al flujo sanguíneo, lo que puede provocar un aumento de la presión arterial.

Los profesionales sanitarios miden la presión arterial en milímetros de mercurio (mmHg). Una lectura de la presión arterial consta de dos cifras:

  1. Presión arterial sistólica: el número superior, que mide la presión en las arterias cuando el corazón late.

  2. Presión arterial diastólica: el número inferior, que mide la presión en las arterias entre latidos.

El umbral de referencia utilizado en este artículo define la hipertensión como:

  • Una presión arterial sistólica de 140 mmHg o superior.

  • Una presión arterial diastólica de 90 mmHg o superior.

La presión arterial no se mantiene constante a lo largo del día. Puede variar en función de la actividad física, el estrés emocional, la postura corporal, la medicación y la edad.

Por ejemplo, la presión arterial puede aumentar durante el ejercicio o en momentos de excitación y disminuir cuando se está en reposo.

Tipos de hipertensión

La hipertensión se puede clasificar en varios tipos en función de su causa y del patrón de las lecturas de la presión arterial.

1. Hipertensión primaria

La hipertensión primaria, también conocida como hipertensión esencial, se desarrolla de forma gradual y no tiene una causa subyacente identificable.

Factores como la genética, los antecedentes familiares y el envejecimiento pueden contribuir a su desarrollo.

2. Hipertensión secundaria

La hipertensión secundaria se produce cuando la presión arterial elevada está provocada por una afección médica, un medicamento o una sustancia identificables.

Entre los posibles factores que contribuyen a ella se incluyen las afecciones renales, los trastornos hormonales y determinados medicamentos.

3. Hipertensión de bata blanca

La hipertensión de bata blanca se produce cuando las lecturas de la presión arterial son más altas en un entorno sanitario, pero normales cuando se miden en casa o en otros entornos cotidianos.

Esto puede estar relacionado con el estrés o la ansiedad que se experimenta durante las visitas médicas.

4. Hipertensión enmascarada

La hipertensión enmascarada se produce cuando las lecturas de la presión arterial parecen normales en un centro sanitario, pero son elevadas cuando se miden en casa o durante las actividades cotidianas.

La monitorización de la presión arterial en casa o la monitorización ambulatoria pueden ayudar a identificar este patrón.

Signos y síntomas de la hipertensión

La hipertensión suele ser una afección asintomática, ya que muchas personas no experimentan síntomas perceptibles, incluso cuando su presión arterial está elevada.

La afección puede desarrollarse a lo largo de varios años sin signos de alerta evidentes.

Sin embargo, una presión arterial extremadamente alta puede provocar síntomas graves que requieren una evaluación médica urgente.

Entre los posibles signos de alerta se incluyen:

  1. Cambios en la función mental o confusión.

  2. Dolor en el pecho.

  3. Mareos.

  4. Edema o hinchazón.

  5. Palpitaciones cardíacas.

  6. Convulsiones.

  7. Dolor de cabeza intenso.

  8. Cambios en la visión, como visión borrosa repentina o pérdida de visión.

  9. Síntomas similares a los de un ictus, como caída repentina de un lado de la cara, dificultad para hablar o debilidad en un brazo o una pierna.

Importante: El dolor en el pecho, las convulsiones, la pérdida repentina de la visión o los síntomas de un ictus requieren atención médica de urgencia inmediata. No esperes a que la presión arterial vuelva a la normalidad por sí sola.

¿Qué causa la hipertensión arterial?

Hay varios factores que pueden contribuir al desarrollo de la hipertensión.

Entre las causas y los factores de riesgo más comunes se incluyen:

  1. Edad: El riesgo de hipertensión suele aumentar a medida que las personas envejecen, especialmente a partir de los 55 años.

  2. Antecedentes familiares: tener familiares cercanos con hipertensión arterial puede aumentar el riesgo.

  3. Tabaquismo: el consumo de tabaco daña los vasos sanguíneos y contribuye a la aparición de problemas cardiovasculares.

  4. Obesidad: el exceso de peso corporal puede aumentar la carga de trabajo del corazón y contribuir a la hipertensión.

  5. Sedentarismo: Un estilo de vida sedentario puede aumentar el riesgo de hipertensión.

  6. Consumo elevado de sodio: Consumir demasiado sodio puede contribuir a la retención de líquidos y a la elevación de la presión arterial.

  7. Consumo excesivo de alcohol: Beber demasiado alcohol puede aumentar la presión arterial.

  8. Enfermedades subyacentes: Ciertas afecciones, como la apnea obstructiva del sueño, la estenosis de la arteria renal, el aldosteronismo primario y los trastornos tiroideos, pueden contribuir a la hipertensión.

No todas las personas que presentan estos factores de riesgo desarrollan hipertensión, pero controlarlos puede ayudar a reducir el riesgo cardiovascular.

Complicaciones de la hipertensión

La hipertensión no tratada o mal controlada puede dañar gradualmente el corazón, los vasos sanguíneos, los riñones, el cerebro y los ojos.

Entre las posibles complicaciones se incluyen:

  1. Accidente cerebrovascular: La hipertensión arterial puede dañar los vasos sanguíneos del cerebro y aumentar el riesgo de sufrir un accidente cerebrovascular.

  2. Infarto de miocardio: la presión elevada a largo plazo puede dañar las arterias y aumentar el riesgo de enfermedad coronaria e infartos de miocardio.

  3. Insuficiencia cardíaca: el corazón puede agrandarse o debilitarse tras tener que trabajar contra una presión elevada durante mucho tiempo.

  4. Arritmia: La hipertensión puede contribuir a cambios en la estructura y la actividad eléctrica del corazón.

  5. Enfermedad coronaria: el daño en las arterias que suministran sangre al corazón puede reducir el flujo sanguíneo.

  6. Enfermedad renal crónica: La hipertensión arterial puede dañar los pequeños vasos sanguíneos de los riñones.

  7. Retinopatía hipertensiva: La hipertensión arterial puede dañar los vasos sanguíneos de la retina.

  8. Disfunción sexual: La hipertensión y el daño vascular asociado pueden contribuir a problemas de salud sexual.

  9. Deterioro cognitivo y demencia: El daño vascular a largo plazo puede afectar a la función cerebral y aumentar el riesgo de problemas cognitivos.

El diagnóstico precoz y el control constante de la presión arterial pueden ayudar a reducir el riesgo de estas complicaciones.

Diagnóstico y pruebas

Los profesionales sanitarios suelen medir la presión arterial durante las citas médicas rutinarias y los chequeos anuales.

El diagnóstico de hipertensión se basa generalmente en lecturas elevadas repetidas, más que en una sola medición.

El método de referencia que aquí se describe consiste en:

  1. Tomar lecturas de la presión arterial durante al menos dos visitas distintas.

  2. Obtener al menos dos lecturas en cada visita.

  3. Evaluar los resultados y tener en cuenta el historial médico del paciente y otros factores de riesgo.

Si la presión arterial sigue siendo elevada, un profesional sanitario puede recomendar pruebas adicionales para evaluar la salud cardiovascular e investigar posibles causas subyacentes.

Entre las pruebas habituales se incluyen:

  1. Control de la presión arterial: las mediciones repetidas pueden ayudar a confirmar si la presión arterial se mantiene elevada de forma constante.

  2. Análisis de colesterol: mide los niveles de colesterol y ayuda a evaluar el riesgo cardiovascular.

  3. Electrocardiograma (ECG o EKG): registra la actividad eléctrica del corazón.

  4. Ecocardiograma: utiliza ondas ultrasónicas para examinar la estructura y el funcionamiento del corazón.

  5. Ecografía renal: puede recomendarse cuando se sospecha una causa relacionada con los riñones.

La monitorización de la presión arterial en el domicilio o de forma ambulatoria también puede ayudar a identificar la hipertensión de bata blanca o la hipertensión enmascarada.

Control y tratamiento de la hipertensión

Los principales objetivos del tratamiento de la hipertensión son reducir la presión arterial, proteger el corazón y los vasos sanguíneos, y reducir el riesgo de complicaciones a largo plazo.

El tratamiento puede incluir cambios en el estilo de vida, medicamentos o una combinación de ambos.

Cambios en el estilo de vida para la hipertensión

Los hábitos de vida saludables pueden marcar una diferencia importante en el control de la hipertensión.

1. Mantener un peso saludable

El exceso de grasa corporal, especialmente en la zona abdominal, puede contribuir al aumento de la presión arterial.

El tejido adiposo es metabólicamente activo y libera sustancias que pueden afectar a la regulación de la presión arterial y a la salud cardiovascular.

En el caso de las personas con sobrepeso, una pérdida de peso gradual y sostenible puede ayudar a mejorar la presión arterial.

2. Sigue una dieta saludable

Un patrón de alimentación nutritivo puede favorecer la salud cardiovascular y ayudar a controlar la presión arterial.

Dos patrones alimentarios que se recomiendan habitualmente son:

  • Dieta DASH: Enfoques dietéticos para detener la hipertensión, que hace hincapié en las frutas, las verduras, los cereales integrales y los productos lácteos bajos en grasa, al tiempo que limita el sodio y las grasas saturadas.

  • Dieta mediterránea: se centra en verduras, frutas, cereales integrales, legumbres, frutos secos, pescado y grasas saludables.

Reducir la ingesta de sodio y elegir alimentos mínimamente procesados también puede ayudar a controlar la presión arterial.

3. Consume suficiente potasio

El potasio ayuda a equilibrar los niveles de sodio en el organismo y favorece una regulación saludable de la presión arterial.

Entre los alimentos que contienen potasio se incluyen:

  1. Plátanos.

  2. Los aguacates.

  3. Verduras de hoja verde.

  4. Patatas.

Las personas con enfermedad renal o que toman determinados medicamentos pueden necesitar controlar su ingesta de potasio. Los suplementos de potasio o los sustitutos de la sal solo deben utilizarse cuando lo recomiende un profesional sanitario.

4. Haz ejercicio con regularidad

La actividad física regular puede ayudar a reducir la presión arterial y mejorar la salud cardiovascular.

Las actividades aeróbicas favorecen la dilatación y contracción de los vasos sanguíneos, lo que ayuda a mantener su flexibilidad.

Algunos ejemplos son:

  1. Caminar.

  2. Nadar.

  3. Montar en bicicleta.

  4. Bailar.

  5. Otras actividades aeróbicas de intensidad moderada.

Intenta realizar aproximadamente 150 minutos de actividad aeróbica moderada cada semana, dependiendo de tu estado de salud y tu forma física.

5. Deja de fumar

Fumar daña el revestimiento de los vasos sanguíneos y contribuye a las enfermedades cardiovasculares.

Dejar de fumar puede mejorar la salud cardiovascular en general y reducir el riesgo de complicaciones cardíacas y vasculares.

6. Duerme lo suficiente y con calidad

Dormir bien favorece la salud general y ayuda a regular varios procesos relacionados con el control de la presión arterial.

Las personas que roncan fuerte, tienen interrupciones en la respiración durante el sueño o sufren somnolencia diurna excesiva pueden necesitar una evaluación para detectar la apnea obstructiva del sueño.

7. Limitar el consumo de alcohol

El consumo excesivo de alcohol puede aumentar la presión arterial.

Limitar el consumo de alcohol o evitarlo puede formar parte de un plan saludable para controlar la presión arterial.

Medicamentos para la hipertensión

Cuando los cambios en el estilo de vida no son suficientes para controlar la presión arterial, un profesional sanitario puede recetar medicación.

La elección depende de varios factores, entre ellos los niveles de presión arterial, la edad, la función renal, otras afecciones médicas y el riesgo cardiovascular general del paciente.

Los distintos grupos de medicamentos actúan de formas diferentes.

Bloqueadores de los canales de calcio

Los bloqueadores de los canales de calcio ayudan a relajar y dilatar los vasos sanguíneos al bloquear los canales de calcio de sus paredes. Esto puede reducir la presión arterial y mejorar la circulación.

Algunos ejemplos son:

  1. Amlodipina.

  2. Lercanidipina.

Ejemplos de nombres comerciales:

  • Comprimidos de amlodipina de 5 mg.

  • Clorhidrato de lercanidipina 10 mg.

Posibles efectos secundarios:

  1. Hinchazón de los tobillos.

  2. Dolor de cabeza.

  3. Mareos.

  4. Rubor.

Estos medicamentos suelen recetarse una vez al día, según el plan de tratamiento individual.

Bloqueadores de los receptores de la angiotensina (BRA)

Los bloqueadores de los receptores de la angiotensina impiden que la angiotensina II se una a sus receptores. Normalmente, la angiotensina II provoca el estrechamiento de los vasos sanguíneos.

Al bloquear este efecto, los BRA ayudan a que los vasos sanguíneos se relajen y reducen la presión arterial.

Algunos ejemplos son:

  1. Candesartán.

  2. Irbesartán.

  3. Valsartán.

  4. Losartán.

  5. Telmisartán.

Ejemplos de nombres comerciales:

  • Atacand.

  • Candesartán Calox.

  • Irbesartán.

  • Valsartán.

  • Losartán.

  • Telmisartán Sandoz.

Posibles efectos secundarios:

  1. Mareos.

  2. Tensión arterial baja.

Estos medicamentos suelen tomarse una vez al día cuando se recetan.

Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina (ECA)

Los inhibidores de la ECA reducen la actividad de la enzima convertidora de angiotensina, que interviene en el estrechamiento de los vasos sanguíneos.

Esto ayuda a que los vasos sanguíneos se relajen y puede reducir la presión arterial.

Algunos ejemplos son:

  1. Enalapril.

  2. Ramipril.

  3. Lisinopril.

  4. Captopril.

  5. Perindopril.

Ejemplos de nombres comerciales:

  • Renetic.

  • Enalapril.

  • Ramipril.

  • Lisinopril.

  • Captopril.

  • Ramilich.

  • Perindopril.

Posibles efectos secundarios:

  1. Tos seca.

  2. Mareos.

Betabloqueantes

Los betabloqueantes reducen los efectos de las hormonas relacionadas con el estrés sobre los receptores beta-adrenérgicos. Esto puede disminuir la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y reducir la carga de trabajo del corazón.

Algunos ejemplos son:

  1. Atenolol.

  2. Bisoprolol.

  3. Nebivolol.

  4. Propranolol.

  5. Carvedilol.

  6. Metoprolol.

El nebivolol también puede aumentar la liberación de óxido nítrico, lo que ayuda a relajar los vasos sanguíneos.

Ejemplos de nombres comerciales:

  • Atenolol 50 mg.

  • Bisoprolol 5 mg.

  • Metoprolol 50 mg.

  • Seloken ZOK.

  • Nebivolol 5 mg.

  • Beloc ZOK.

  • BisoHEXAL.

  • Carvedilol 25 mg.

Posibles efectos secundarios:

  1. Dolor de cabeza.

  2. Mareos.

  3. Fatiga.

  4. Frecuencia cardíaca lenta.

  5. Manos o pies fríos.

Diuréticos tiazídicos

Los diuréticos tiazídicos ayudan a los riñones a eliminar sodio y agua a través de la orina.

Esto reduce la cantidad de líquido en el torrente sanguíneo y puede ayudar a reducir la presión arterial.

Algunos ejemplos son:

  1. Hidroclorotiazida.

  2. Clorotalidona.

  3. Indapamida.

Ejemplos de nombres comerciales:

  • Hidroclorotiazida 25 mg.

  • Clorotalidona 12,5 mg.

  • Indapamida 2,5 mg.

Posibles efectos secundarios:

  1. Micción frecuente.

  2. Mareos.

  3. Niveles bajos de potasio.

  4. Deshidratación.

Diuréticos ahorradores de potasio

Los diuréticos ahorradores de potasio ayudan al organismo a eliminar el exceso de sal y agua, al tiempo que conservan el potasio.

Un ejemplo es la espironolactona.

La espironolactona bloquea los efectos de la aldosterona, una hormona que estimula al organismo a retener sal y agua.

Posibles efectos secundarios:

  1. Aumento de la micción.

  2. Mareos.

  3. Sensibilidad en las mamas.

Diuréticos de asa

Los diuréticos de asa actúan sobre los riñones reduciendo la reabsorción de sodio y cloruro en una parte del riñón denominada asa de Henle.

Esto aumenta la excreción de agua, sales y electrolitos.

Algunos ejemplos son:

  1. Furosemida.

  2. Torsemida.

Ejemplos de nombres comerciales:

  • Furosemida.

  • Torasemida.

Posibles efectos secundarios:

  1. Aumento de la micción.

  2. Deshidratación.

  3. Mareos.

  4. Tensión arterial baja.

Medicamentos combinados para la presión arterial

Algunos medicamentos contienen dos o más principios activos para ayudar a controlar la presión arterial mediante diferentes mecanismos.

Algunos ejemplos son:

  1. Atacand Plus: combina candesartán con hidroclorotiazida.

  2. Co-Diovan: un medicamento combinado que contiene valsartán e hidroclorotiazida.

  3. Exforge: combina amlodipino y valsartán.

  4. Triplixam: combina perindopril, amlodipino e indapamida.

Los medicamentos combinados pueden simplificar el tratamiento para algunos pacientes, pero no son adecuados para todo el mundo.

Medicamentos antihipertensivos de acción central

Los medicamentos antihipertensivos de acción central actúan reduciendo el exceso de señales nerviosas procedentes del cerebro que pueden provocar que los vasos sanguíneos se contraigan y que aumente la presión arterial.

Al reducir la actividad del sistema nervioso simpático, estos medicamentos pueden ayudar a que los vasos sanguíneos se relajen y a reducir la presión arterial.

Pueden recetarse en determinados casos de hipertensión esencial o primaria.

Posibles efectos secundarios:

  1. Latidos cardíacos lentos.

  2. Tensión arterial baja.

  3. Mareos al ponerse de pie.

  4. Desmayos.

  5. Zumbido en los oídos.

  6. Dolor de cuello.

  7. Hinchazón o edema.

  8. Ansiedad o nerviosismo.

Entre los síntomas graves que requieren atención médica urgente se pueden incluir:

  1. Desmayos graves.

  2. Ritmo cardíaco muy lento.

  3. Presión arterial muy baja.

  4. Hinchazón de la cara, los labios o la garganta.

  5. Dificultad para respirar.

  6. Signos de una reacción alérgica grave.

Información importante

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Los medicamentos mencionados en este artículo son ejemplos de tratamientos que los profesionales sanitarios pueden considerar en función del estado de salud del paciente, sus valores de presión arterial, sus síntomas y su historial médico.

La elección del medicamento y la dosis debe ser determinada por un profesional sanitario cualificado.

No empieces, suspendas ni modifiques la medicación para la presión arterial sin consejo médico.

Reflexiones finales

La hipertensión arterial a menudo no causa síntomas perceptibles, incluso cuando está dañando gradualmente el corazón y los vasos sanguíneos.

Es importante controlar la presión arterial con regularidad, ya que la detección precoz y el tratamiento adecuado pueden ayudar a proteger su salud cardiovascular a largo plazo.

Los cambios en el estilo de vida, como mantener un peso saludable, seguir una dieta equilibrada, hacer ejercicio con regularidad, dejar de fumar y dormir lo suficiente, pueden ayudar a controlar la presión arterial.

Cuando sea necesario, los medicamentos recetados por un profesional sanitario pueden ayudar a reducir la presión arterial y a disminuir el riesgo de complicaciones graves.

Si tienes la presión arterial elevada o factores de riesgo de hipertensión, consulta a un médico y sigue un plan de control periódico. El diagnóstico precoz y el tratamiento constante pueden marcar una diferencia significativa en tu salud a largo plazo.